Verdad en la realidad

P.S.B.

La verdad requiere de sensibilidad para ponderar, considerar, matizar, observar, revisar y criticar. Y eso implica atención, paciencia, trabajo y perseverancia. La verdad no se produce, tampoco se vende ni se compra, por eso, a muchos no les interesa buscarla ni encontrarla. Ignorando la realidad, la praxis humana deviene irrazonable y ello es germen de conflictos, sufrimientos e incoherencias personales y sociales.

La verdad habita en los matices, en el carácter policrómico de la realidad, en sus pliegues y aristas. Eso requiere de la prudencia y mesura de su buscador, porque la precipitación deforma la realidad y nos acerca a la mentira, que por lo general parece más cómoda de asumir y tolerar. La verdad no admite discursos monocolores, hemipléjicos, tan comunes entre las ideologías. Los ideólogos no buscan la verdad, sólo persiguen organizar la realidad de forma interesada para transformarla de acuerdo a su proyecto iluminista. Por eso generan problemas mayores de los que pretendían solucionar.

Para llegar a la verdad sólo es posible reconciliando previamente la realidad, la del sujeto y la del objeto, y reconociendo el lado oscuro del hombre, con un sano realismo que acepta que en esta vida no hay intenciones “puras” y que por eso mismo no hay nada que no sea susceptible de ser salvado. Esto ha de tomarse como un signo de esperanza para los tiempos actuales, en la que la deshumanización y la irrealidad parecen haberse apoderado del mundo posmoderno. Si todo puede ser redimido por el amor de  Aquél que todo lo puede, la deriva torcida del pensamiento dominante, la posmodernidad relativista y nihilista, también será susceptible de ser redimida, pues al igual que la naturaleza humana, constituye un fenómeno complejo, ambiguo e imperfecto.

Como siempre, la recuperación de la sabiduría clásica legada por la tradición cristiana será la fuente de la reconciliación entre nuestra realidad y la verdad. En particular, me gustaría terminar esta reflexión trayendo a colación lo dicho por nuestros maestros escolásticos hispánicos, quienes conocían y practicaban el principio que reza: “afirma poco, niega frecuentemente y distingue siempre[1]. Un fundamento más que razonable para no desorientarse en la búsqueda de la verdad, siempre sobre nuestra realidad.

P.S.B.


[1] Dicho de la tradición escolástica: “Concede parum, nega frequenter et distingue semper”. Se decía mucho en la Salamanca del siglo XVI. Fuente:  Revista Anthropos, nº212, pág. 166, nota 20.

La imagen corresponde a una obra de Thomas Cole, “El sueño del arquitecto” (1840).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s