El liberalismo es pecado

Blas Atheneo

Con este título, tomado de un ensayo de 1884 del sacerdote tradicionalista Félix Sardá y Salvany, quiero hacer una breve reflexión acerca del liberalismo y cómo en algunos círculos católicos actuales va tomando fuerza esta ideología, otrora condenada.

En primera instancia, hay que dejar claro que el liberalismo no se trata únicamente de una corriente de pensamiento económico, sino de una visión antropológica y como tal, de una concepción de entender la vida y la muerte.

Muchos autores católicos, como en el caso de Thomas Woods Jr en su libro “La Iglesia y la economía: una defensa católica de la economía libre”, publicado en España por el sello editorial El Buey Mudo, se han esforzado en situar el origen del liberalismo dentro de la Iglesia Católica, y en algunos ambientes académicos católicos se ve como una vía, no solamente moralmente aceptable, sino como la única posible desde un punto de vista académico para alcanzar de manera satisfactoria los objetivos que la actividad económica pretende: el empleo racional de recursos escasos, con vistas a satisfacer necesidades humanas. No hay nada más lejos de la realidad, y es que el liberalismo económico/político deriva del protestantismo y de la concepción religiosa de relación individual con Dios, del sólo tener que responder ante la conciencia propia de los actos realizados y por supuesto de la riqueza entendida como signo de predilección de Dios.

Conceptos como “flexiguridad”, deslocalización, internacionalización, desregularización, eliminación de barreras de entrada entre otros aspectos y conceptos son enseñados en algunas escuelas de negocios católicas como verdades taumatúrgicas y la única forma de sobrevivir y ofrecer valor a los stakeholders, a la comunidad en la que está implantada la empresa, cuando muchos de esos principios única y exclusivamente están orientados a satisfacer a los stockholders (accionistas), y es que, según Friedman, uno de los adalides intelectuales del liberalismo económico, en su libro Capitalismo y Libertad, dice que “la empresa sólo tiene una responsabilidad social: aumentar sus beneficios, siempre que se cumplan las reglas del juego, sin fraude y engaño”: que cada uno juzgue hasta qué punto lo moral a veces no es abarcado por el mínimo que la ley exige en la sociedad.

El liberalismo es una visión darwinista de la vida en la que los elementos “improductivos” de la sociedad, siempre hablando desde una visión materialista de la vida, son dejados de lado y se les despoja de la dignidad intrínseca que se posee de manera natural por el mero de ser hombre, relegándoles a meros factores productivos prescindibles. La dignidad humana muy difícilmente se puede alcanzar si no se les reconoce y permite a las personas ofrecer valor y realizarse a través del trabajo. Los liberales a menudo usan trucos de presdigitación dialéctica para defender las bondades de su visión que tiene como único fin el de crear riqueza  a través de la austeridad y la laboriosidad, creación de riqueza que según ellos repercute en la sociedad en su conjunto. Sin embargo, la realidad habla por sí misma: lo que se está produciendo bajo este paradigma liberal es la polarización de los recursos (los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos) amén de la “radicalización” de las cuatro fases del ciclo económico (auge, recesión, depresión y expansión), cada vez más impredecibles y con fluctuaciones más fuertes.

La teoría liberal es una teoría normativa de la sociedad, no nos habla de lo que es, sino de lo que debe ser, y como tal se puede considerar como una aplicación utópica que se deriva de pretender implantar la libertad hasta sus últimas consecuencias. Del mismo modo que el comunismo pretendió llevar la igualdad hasta las últimas consecuencias. En ambos casos lo que se alcanza son caricaturas siniestras de lo que se pretendía o se decía pretender.

Termino con una reflexión, una reflexión que planteó uno de los grandes de España, que alcanzó la grandeza porque entendió la política como un servicio, hace ya 80 años pero que sin embargo sigue estando vigente hoy en día:  “Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal”.

Blas Atheneo

2 Respuestas a “El liberalismo es pecado

  1. A más dinero, más libertad, esa es la lógica del liberalismo, no hay mas

  2. Enlazando con la opinión del artículo y del comentario, el liberalismo (económico, político y social) ha conseguido expandirse en la mentalidad colectiva (incluidos los ambientes académicos católicos) porque sus procedimientos son mejores que el socialismo, es decir sus fines son camuflados entre entre sus medios y sus dogmas se basan en un presunto contrato social vinculado al más puro voluntarismo. Al negar un mandato mayor que la voluntad humana, entonces nos situamos en el darwinismo de los mercados, violencia económica, materialismo, derechos imaginarios y contradictorios y democracias ficticias.

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