Reflexiones sobre la educación y la familia

P.S.B.

I

El presente ensayo recoge una serie de creencias implícitas que he ido detectando en mí por contraste en relación con aspectos diversos relativos con la educación y la familia. Por esta razón, este breve análisis de las creencias implícitas que había interiorizado personalmente con carácter previo al estudio, tiene como función principal la reflexión, en términos generales, sobre la educación y la familia y el proceso de desarrollo evolutivo del ser humano en la familia y en la escuela.

Las creencias implícitas expresan opiniones y creencias que todos tenemos sobre distintos temas. Particularmente, en materia de educación y familia, es o al menos parece más fácil formular estas creencias implícitas como representaciones mentales basadas en las experiencias que nosotros mismos personalmente hemos vivido en nuestro entorno y que nos han condicionado inconscientemente el modo en que pensamos.

Estas creencias son fruto de un aprendizaje implícito por asociación de ideas que tratan de establecer relaciones causa-efecto, que en numerosas ocasiones no se explican de esa forma, bien porque son fenómenos más complejos, o bien porque la semejanza, contigüidad espacio-temporal, o la covariancia cualitativa-cuantitativa no lo justifican suficientemente.

Esto mismo pienso que es lo que me ha ocurrido a mí cuando he observado las creencias implícitas acerca de la educación y familia que tenía asumidas, y que he procedido a glosarlas a continuación añadiendo una explicación de la causa por la que pienso que son atribuidas.

II

Las creencias implícitas que he detectado son fundamentalmente las siguientes: sobre la concepción ambientalista, sobre la educación integral, sobre las inteligencias, sobre las formas de educar y socializar, estilos parentales y sobre los niños con problemas.

a)    Concepción ambientalista

Una de las primeras creencias implícitas que detecté tiene que ver con la concepción ambientalista, puesto que solía atribuir a muchos de los procesos de aprendizaje un carácter básicamente ambientalista en vez de ponderarlos con una concepción genetista que diese lugar a una explicación mixta. Es decir, una de las creencias implícitas era la derivada de una falta de interacción entre la genética y ambiente, decantando los procesos educativos y familiares casi exclusivamente a favor del plano ambiental o social.

Por tanto, esto implicaba un déficit en la comprensión completa del proceso de desarrollo evolutivo de la persona desde su infancia, al relegar a un segundo plano las influencias genéticas que en muchas ocasiones organizan el entorno en que se mueve o el componente hereditario que termina llevar a una persona y a su familia a elegir unos contextos sociales y actividades en lugar de otros.

A propósito de este tema, puede traerse a colación la celiaquía en niños pequeños. Al poco tiempo de que se les diagnostica la enfermedad, se produce una necesidad físico-biológica en cuanto a la alimentación (no pueden comer gluten) por lo que a su alrededor desde muy pequeños todo su entorno, principalmente sus padres, deben desarrollar una protección de riesgos y una especial adaptación para que no se sientan diferente a los demás. Por ejemplo, cuando llega el momento de comer en casa, en el comedor del colegio o en un restaurante y ellos tiene unos alimentos específicos.

Me parece que es un ejemplo de cómo un factor genético tiene un efecto en el ambiental que marca toda la vida de una persona en su dimensión social, puesto que las comidas se suelen hacer en compañía.

b)    La educación integral

Las ideas que tenía acerca de la educación integral no constituyen propiamente una creencia implícita, pero pueden servir a la reflexión dado el contraste con el sistema educativo español al que de partida no considero que sea integral sino marcadamente incompleto e insatisfactorio.

La educación integral supone aunar lo físico, lo cognitivo, lo social y lo emocional[1]. En cambio, pienso que el sistema educativo español, en términos generales y salvando algunos centros excepcionales, queda muy lejos de considerarse integral e integrador. Principalmente porque sólo está centrado en una modalidad de aprendizaje mecanicista basado en conocimientos teóricos sujetos a examen. Lo que a la larga no sirve para hacer personas responsables, proactivas, interactivas, solidarias, socializadas y autorrealizadas.

Al dejar a un lado la educación social y emocional es lógico que aparezcan problemas como la creciente violencia en las aulas, el fracaso escolar o la obesidad infantil (en la que España ya supera a EEUU)[2].

Adicionalmente, observando las estadísticas sobre la situación educativa en España en comparación a la media europea se deduce que, aparte de no haber una educación integral, tampoco existe a día de hoy un nivel mínimamente conveniente en las disciplinas que se imparten en clase. Esto se observa claramente al constatar los concluyentes y preocupantes datos de fracaso escolar[3]. Y también las conclusiones del informe PISA que confirman el estancamiento del sistema educativo español (en 2010 España ocupó el puesto 26 de 34 países)[4].

El nivel es bastante bajo y los esfuerzos en mejorarlo no están enfocados al logro de la autorrealización del alumno y su inclusión en la sociedad sino como un trámite pasajero en la etapa de la vida de una persona. Por tanto, en este sentido, la intuición que albergaba coincide en este punto con lo que revelan las estadísticas.

Por supuesto, en la deriva negativa del sistema educativo español han influido otros muchos factores responsables de sus consecuencias, que no son objeto de este ensayo, pero que basta mencionar a modo de ejemplo: las leyes educativas de calado progresista, los cambios en los hábitos de consumo, alimentación y horarios respecto a épocas anteriores, la pérdida de autoridad de los padres y profesores así como la excesiva influencia social de muchos contenidos televisivos.

c)     “Las inteligencias”

Cuando se hacía referencia a la inteligencia, me llegaba a la mente la concepción de inteligencia que deriva de los test psicotécnicos que miden el cociente intelectual de una persona. Sin embargo, esta creencia implícita que opera por asociación no resulta auténtica dado que la inteligencia humana es mucho más compleja y no puede ser medida únicamente por medio de pruebas conceptuales, lingüísticas o matemáticas. Por esta razón, me parece muy interesante la idea de las inteligencias múltiples de Garner que agrupa una serie de inteligencias como la social, emocional, trascendental, interpersonal…

Un cociente intelectual alto no asegura que la persona en cuestión disponga de una capacidad elevada para interrelacionarse con los demás, controlar sus emociones y convivir en sociedad. En ocasiones ocurre todo lo contrario, por lo que parece que lo óptimo es un equilibrio entre las inteligencias múltiples.

En consecuencia, el reconocimiento de las inteligencias múltiples supone una menor relevancia de la alta dotación intelectual innata y una mayor potenciación del desarrollo socioafectivo en la primera infancia.

d)    Formas de educar y socializar

En relación con lo anterior, y dada la importancia de la inteligencia emocional y social, es importante resaltar brevemente las implicaciones que esto conlleva en las formas de educar y socializar. Una de las creencias implícitas por mi parte consistía en descuidar lo determinante que resulta la intervención de los cuidadores en el desarrollo de la regulación emocional.

Es necesario reconocer el papel de los padres en el desarrollo de la regulación emocional con el fin de que los hijos desarrollen progresivamente mayores capacidades para inhibir o minimizar la intensidad de sus reacciones emocionales.[5]

Para una buena educación emocional es imprescindible que los padres valoren las emociones del niño, empaticen con él  para identificar sus emociones, marcando límites y enseñando formas más aceptables de expresión de las mismas. En mi opinión, si un niño descubre pronto a descubrir estrategias para solucionar problemas que le surjan y para modular su estado emocional interno, será más fácil que se relacione  mejor con sus iguales y con la sociedad.

En esto puede ayudar mucho, a mi juicio, aparte de la intervención de sus padres, cuidadores y profesores, una serie de actividades y opciones que caminan en esa dirección. Como ejemplo, podría ser el aprendizaje de algún instrumento musical, la práctica de deportes de equipo pero sin el elemento de ultracompetitividad, la religión cristiana, los idiomas, los viajes por el pais o al extranjero y las visitas a museos, conciertos o exposiciones de forma periódica.

Con esto se consigue que el niño desde pronta edad no circunscriba su aprendizaje únicamente al espacio de su escuela y a sus libros de texto, sino a otras actividades que le pueden enriquecer como persona en otros muchos planos (físico, espiritual y cultural).

Estas actividades no deben impedir que el niño tenga su tiempo con sus padres, descanse y juegue con libertad.  Su horario no puede hacer que se agote física y psíquicamente  y termine por observar sus actividades como obligaciones impuestas y desagradabes.

e)    Estilos parentales

Es muy complicado definir un concepto de familia, porque es un fenómeno muy complejo, y por eso se tiende a estereotipar y simplificar distintas formas de entender la familia. Es muy difícil afirmar categóricamente que existe un modelo perfecto y definitivo de familia.

Lo que más me ha suscitado interés ha sido el tema de los estilos parentales.  Una de las creencias implícitas que he visto confirmadas ha sido la dificultad que tiene en la práctica la llevanza de un estilo democrático por parte de los padres en la educación cotidiana de los hijos.

Las características ideales de este estilo parental parecen ciertamente utópicas y poco comunes, atendiendo a la realidad social. Requieren un gran esfuerzo por parte de los padres y al mismo tiempo una gran unidad y control en la toma de decisiones para no caer en los  estilos autoritarios o permisivos.

Dadas las condiciones del mercado laboral, situación económica y cultural, parece comprensible que no exista hoy precisamente un clima favorable donde pueda surgir y madurar este tipo de estilo parental.  El estilo democrático requiere gran energía, paciencia, dedicación y armonía de los padres. Unos valores cada vez más difíciles de encontrar en muchas personas que renuncian a luchar contracorriente de una sociedad que impulsa otras ideas y preferencias.

A mi modo de ver, el planteamiento del estilo parental democrático es el más idóneo y equilibrado, pero al mismo tiempo resulta ser el más frágil, porque puede derivar más fácilmente en autoritarismo de los padres para contrarrestar el efecto de las influencias negativas que proceden del exterior de la familia o bien en la dictadura de los hijos que abusan de la confianza y medios que ponen en ellos sus padres.

f)      Familias en situaciones especiales

Por último, una de las creencias implícitas que he descubierto es la relativa a las familias que tienen un miembro discapacitado o con un trastorno.

Tomando como referencia a este respecto una novela sobre dicha temática, señalar que me resultó sorprendente la mentalidad con que la familia protagonista de “El quinto hijo”, de Doris Lessing[6], afronta el embarazo, nacimiento y crecimiento de Ben. Personalmente no esperaba que el problema de Ben generase tal culpa y vergüenza que destruyera la familia Lovatt, empezando por el equilibrio psíquico y emocional de su madre, Harriet.

Afortunadamente, esta mentalidad simplista ha ido cambiando y hoy en día es más común encontrar familias en los países desarrollados que integran perfectamente a un miembro con discapacidad dentro de su día a día, como familias normales que están adaptadas a circunstancias especiales.

III

El objetivo del presente ensayo era verificar en qué medida las creencias implícitas que uno tiene poseen una representación real. He confirmado que el conocimiento que tenía antes de profundizar en el mundo de la educación y de la familia, era un conocimiento basado en un pensamiento popular, o cultural, procedente de mi experiencia personal.

Sin embargo, varias de las creencias implícitas se han visto confirmadas, lo que prueba parcialmente que el producto de las creencias implícitas especializadas constituye un aprendizaje implícito que establece relaciones causa-efecto que pueden corresponderse con la realidad.

En otras ocasiones, las creencias implícitas que tenía asumidas, eran incompletas o excesivamente intuitivas para poder explicar razonablemente el mundo de la educación y de la familia, dos mundos muy complejos que requieren multiplicar perspectivas y vivirlas.

IV

La recapitulación de estas creencias implícitas glosadas anteriormente ha sido una experiencia interesante porque permite extraer ciertas conclusiones sobre la importancia de las creencias implícitas en nuestro modo de pensar la educación y la familia. He tomado más conciencia del papel tan importante de la familia, como institución básica de la sociedad y de los colegios, en las diferentes etapas del crecimiento y desarrollo de los niños.

A pesar de ser mundos complejos, donde fijar una regla general o ley universal sea algo imposible o una tarea inabordable, si he observado la importancia que tiene reflexionar y clarificar ideas fundamentales que competen a la educación y a la familia.

Aunque cada cual pueda tener diferentes opiniones e influencias respecto a la educación y la familia, y también creencias implícitas de diversa índole, si que se puede afirmar en líneas generales que ambos mundos viven momentos críticos. En efecto, la educación y la familia se encuentran en un escenario complejo, globalizado y cambiante, lo que hace la tarea de los padres, cuidadores y educadores bastante más difícil que en otras épocas.

Desde mi punto de vista, la sociedad en su conjunto, y especialmente nuestros “supuestos” representantes políticos, deberían confiar y dejarse guiar por los conocimientos y experiencias de aquellos padres y profesores de reconocida competencia avalada por los hechos empíricos y no por teorías psicopedagógicas de dudosa procedencia ideológica. Sobre todo a la hora de implementar las ineludibles reformas legales con el fin de procurar el mayor bien al ámbito familiar como palanca impulsora del mejoramiento de la educación pública y simultáneamente del clima social. Aunque esto sería lo deseable, se me antoja ciertamente irrealizable en España habida cuenta de la proliferación de pedagogos ideológicos y de la sempiterna dominación de docentes mediocres, burocratizados y desilusionados[7].

No es tanto un problema presupuestario, como nos quieren hacer ver, sino más profundo, de valores, de principios. O mejor dicho, de su pertinaz ausencia. A la necesidad de mayores fondos para la educación, se requiere voluntad política de cambio, y sobre todo, una nueva mentalidad colectiva que apueste y defienda la familia y la educación como pilares fundamentales del orden y desarrollo social.

P.S.B.


[1]Sólo será radicalmente educación la que ponga el centro en la persona, aquel proceso que considere al hombre como un todo armónico, complejo e integral”. (Castillejo, 1985)

[2] Noticia de La Vanguardia de 29 de marzo de 2011: La obesidad infantil en España podría superar el 30%.

[3] Los orígenes del fracaso escolar en España. Un estudio empírico. J. J. Fernández González y J.C. Rodríguez Pérez. Nº 14 Colección Mediterráneo Económico. Fundación Cajamar.

[5] A este respecto se recomienda el visionado del documental Baby Human (2003).

http://psiqueviva.wordpress.com/2011/07/14/la-serie-completa-de-baby-human-en-espanol/

[6] LESSING, Doris. El quinto hijo. Barcelona: Random House Mondadori (Debolsillo), 2011.

2 Respuestas a “Reflexiones sobre la educación y la familia

  1. Muy interesante tus reflexiones
    Dilo claramente, y sin rodeos, la LOGSE ha dejado varias generaciones de taraos mentales, lo que ha provocado rebajar el nivel universitario. Esa ley tuvo unos autores…

  2. Tampoco es justo echar las culpas de la situación catastrófica de la educacion del estado espanol a una ley que intentó rebajar las exigencias para que la mayoria pudieran aprobar y pasar los cursos, cuando estudié en espana bajo la logse creo, no vi nada diferente a cuando volvi a la argentina, aunque tamben aqui hay como vos dices ciertas taras mentales, aunque no tanto como en espana

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