Buda Santo

P.S.B.

En el artículo “Literatura y pluralidad religiosa: la Canonización de Buda”, de Lola López Díaz[1], se pone de relieve un punto de conexión muy relevante entre el budismo y el cristianismo, sobre la base de la inclusión de la figura de Buda (Siddhartha Gautama/Josafat) como santo de la Iglesia Católica desde el año 1583.

La narración original de la leyenda de Buda fue adoptada y transformada al estilo cristiano por diversos autores y traductores, entre los que destaca la figura de San Juan Damasceno. El resultado fue la inclusión en el santoral católico de los santos Josafat y Barlaam.

Las enormes semejanzas entre las figuras de Buda y San Josafat han confirmado la hipótesis de que en realidad se trata del mismo personaje histórico, tal como se han referido Menéndez Pelayo, Max Muller o Pedro Bádenas entre otros.

La clave de esta singular circunstancia se debe, a mi juicio, a la estrecha relación de fondo que subyace en todas las religiones más allá de la diversidad cultural y lingüística, y del alejamiento geográfico y temporal. Todas las religiones pueden complementarse y enriquecerse mutuamente desde un pacífico intercambio, pues en todas reside un principio de verdad que va más allá de las formas y de la tradición. Un principio de verdad que supera los idiomas (del sánscrito al árabe y luego al latín), los subcontinentes (La India, Asia Central y Europa) y los esquemas filosóficos (Oriente-Occidente).

La conversión de Siddhartha Gautama en San Josafat nos muestra que las enseñanzas recogidas en esas narraciones fueron buenas y útiles durante muchos siglos y aceptadas por diversos pueblos, comunidades religiosas e intelectuales, ya fueran de La India, árabes, georgianos o griegos. De hecho, llegó a ser tal la importancia de estos relatos que fueron difundidos en casi toda la cristiandad occidental durante la Edad Media.

La Canonización de Buda también pone de manifiesto la gran capacidad de apertura del cristianismo, que ha hecho posible la integración de un texto y de una figura tan fundamental en la cultura legendaria budista.

Como dato divergente entre ambas historias resalta la aparición de la figura de Barlaam en el texto cristiano, que adquiere mayor protagonismo que el personaje del cochero o del monje mendicante de la leyenda budista. Barlaam le revela a Josafat la doctrina cristiana para su salvación. En cambio, en la historia original Buda no necesitó un sistema teológico previo sino que él mismo buscó la iluminación una vez observada la realidad y experimentado el sufrimiento.

En este punto (Revelación/Iluminación) es donde parece diferir ambas espiritualidades. Pero el cristianismo fue capaz de adaptarla por vía de integración en su doctrina.

Lo determinante es que la vida de Buda fue comprendida desde su compatibilidad con el mensaje de Jesús, por encima de las diferencias doctrinales y que los valores budistas no alteran en absoluto lo sustancial del Evangelio. Por esta razón, una actitud de rechazo frente al diálogo interreligioso es algo negativo porque empobrece la religión.

Desde unas posturas relativistas o fundamentalistas, basadas en las  discrepancias y en las diferencias entre los seres humanos no es posible esperar nada positivo. Al contrario, lo que hay que buscar es lo que de verdad nos une.

P.S.B.


[1]  Religión y cultura, ISSN 0212-5838, Vol. 41, Nº 192, 1995 , págs. 125-134

Una respuesta a “Buda Santo

  1. Pingback: La regla de oro en las religiones | Civitas Digital

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s