Objeciones a la píldora abortiva

Tulio

Objeciones legales y éticas ante la venta libre de la PDD

*PDD= píldora postcoital, “del día después”

Dos son las principales causas del cambio de adquirir la PDD que el Ministerio ha querido sacar a la luz: evitar los embarazos no deseados y favorecer el acceso de las usuarias al medicamento. Ambas argumentaciones son, a nuestro juicio, infundadas:

– El aumento de los embarazos no deseados ha ido en paralelo al incremento en el consumo de la PDD. Así lo revelan múltiples estudios nacionales y foráneos, y ya desde hace muchos años (1).

– La utilización por parte de las mujeres de la PDD se realiza hasta ahora mayoritariamente en Centros de Salud, Hospitales, Centros de Planificación Familiar y otros establecimientos públicos. La red de Oficinas de Farmacia cubría aún así sobradamente la dispensación, previa prescripción, del medicamento.

Objeciones legales

Son muchas las dudas y vacíos legales que surgen tras la dispensación libre de la PDD. Quizá hubiera sido mejor resolver las dudas antes de la implantación de la norma. Pero aún se está a tiempo de adelantarse a la aparición de posibles casos. Algunos de ellos podrían ser los siguientes:

– ¿Puede el farmacéutico ejercer su derecho a la objeción de conciencia? En numerosos medios de comunicación diversos representantes del Ministerio de Sanidad se han apresurado a dejar bien claro la obligatoriedad de la dispensación en todo momento y las posibles multas que pudieran recibir los infractores.

– ¿Se podría derivar a la paciente a otra farmacia  u otro centro sanitario? ¿y si es el único existente en la zona, en el municipio?

– ¿Puede el farmacéutico negarse a dispensar la PDD si la que lo solicita es una menor de edad?

– Si le provoca a la menor algún problema de salud, ¿qué amparo legal tiene el dispensador? Juristas y profesionales piden un cambio normativo que recoja de modo expreso el papel sanitario del boticario y su criterio profesional para decidir ante situaciones de duda, ya que la Ley de Garantías no recoge explícitamente la dispensación a menores (véanse artículo en anexo II y “Las farmacias se protegen con un seguro ante el riesgo de la píldora” en La Razón del 15/10/09, página 16, anexo III).

– Además, algunos juristas ven que la norma debe contemplar “explícitamente” la figura del farmacéutico, su rol sanitario y su criterio a la hora de evaluar la madurez del menor ante una dispensación que genere dudas sanitarias. En su artículo 9, esta norma recoge que el consentimiento informado por representación se otorgará “cuando el paciente menor de edad no sea capaz intelectual ni emocionalmente de comprender el alcance de la intervención.

– ¿Es posible exigir la identificación de la menor con algún documento  para comprobar la edad no estando presentes sus padres?

– ¿Se puede exigir la administración de la dosis en el momento de la dispensación? Esta medida evitaría la posibilidad de que la persona que acude a la farmacia sea distinta a la propia paciente.

– ¿Se hacen cargo los servicios jurídicos del colegio correspondiente de posibles demandas ?

Estas son entre otras, las muchas lagunas de tipo legal que existen en este precipitado cambio. Hubiera sido conveniente aclararlas y consensuarlas antes de su implantación.

Objeciones éticas

Nos topamos nuevamente ante la confrontación de dos derechos: el de la salud de la paciente y el de objeción de conciencia del farmacéutico dispensador. En estas fechas aún está de actualidad la objeción de conciencia ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Aparte de su carácter moral, inherente a cualquier acción humana, la objeción viene motivada a nuestro juicio por lo siguiente:

– Los mecanismos de la PDD para evitar el embarazo pueden agruparse en tres: detener o retrasar la ovulación, evitar que los espermatozoides fertilicen cualquier óvulo liberado y evitar que el óvulo ya fecundado por un espermatozoide migre al útero para implantarse y desarrollarse. Este último mecanismo puede llevarse a cabo en el 20% de los casos, variando este porcentaje según los estudios consultados. Se estima que este medicamento puede impedir el 85 por ciento de los embarazos esperados. Los fármacos no previenen un embarazo si la mujer ya está embarazada, y tampoco son efectivos en el caso de que el óvulo fecundado haya viajado al útero y se haya implantado.

– La distinta percepción de cuándo comienza la vida. Si existe en viva actualidad un fuerte debate social, científico y ético para argumentar en qué semana de la gestación el feto es un ser humano o simplemente un ser vivo para así eliminarlo o según el proyecto de Ley “interrumpir su desarrollo”, cuánto más claro puede ser el posicionamiento cuando de lo que se habla es del óvulo fecundado de horas o días de existencia. Para muchos científicos, ginecólogos, credos de muchas religiones, la vida del nuevo ser humano, con carga genética distinta a cualquier otro, comienza en el momento de la fecundación del óvulo. Para otros muchos, el ser humano empezaría a existir cuando se produce la implantación en el útero. Por tanto la PDD en ningún caso sería abortiva pues como se ha comentado parece no tener repercusiones sobre el blastocito anidado. Esta disparidad de criterios viene acentuada por el cambio en la definición por parte de la OMS de hace años. De ahí que se hallan acuñado nuevos términos para expresar el tercer mecanismo mencionado: contracepción endometrial, de intercepción postcoital o de efecto antinidatorio.

Conclusión:

El uso de cualquiera de los 31 fármacos anticonceptivos hormonales actualmente existentes (Grupo Terapéutico G03A) precisan receta médica (2). La PDD, a pesar de tener una concentración 10-15 veces superior a ellos, ahora es de venta libre.

– No evita el embarazo en todos los casos y el laboratorio reconoce la posibilidad de un embarazo ectópico: al modificar el endometrio, el ovulo fecundado puede anidar fuera del útero.

– En ningún caso sustituye a un método anticonceptivo convencional y es menos eficaz que estos. No evita enfermedades de transmisión sexual. Está desaconsejada la administración reiterada en el mismo ciclo menstrual.

Por todo lo dicho, creemos que la PDD por su indicación, efectos secundarios, idiosincrasia de la paciente y  contraindicaciones, no debería haber abandonado su carácter de medicamento bajo prescripción médica.  La obligatoriedad de la dispensación de la PDD en estas condiciones implica una grave responsabilidad para el farmacéutico y una agresión para el ejercicio libre de la profesión.

Tulio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s