La epidemia silenciosa

LA EPIDEMIA SILENCIOSA DE LA SOCIEDAD OPULENTA

Tulio

¿Por qué morimos de diabetes, colesterol, corazón, obesidad?

En las sociedades modernas ya no morimos principalmente de deficiencias nutricionales.

La capacidad de generación, conservación y reparto de alimentos a precios muy asequibles lo hacen casi imposible. Tampoco padecemos de grandes epidemias de enfermedades infecto-contagiosas, desde la aparición de los antibióticos y de las medidas elementales higiénico-sanitarias. Esta situación privilegiada contrasta dramáticamente con el padecimiento diario de millones de personas del tercer mundo. Pero entonces, ¿de qué morimos?

Hace casi un cuarto de siglo que se acuñó el término “Síndrome X”, (posteriormente también llamado “Síndrome metabólico”) para definir una constelación de patologías que incluían la diabetes, obesidad, hipertensión, dislipemias, enfermedades cardiovasculares y arterioesclerosis. Todas ellas pueden tener  un origen común en muchos casos: la insulinorresistencia, y un final también compartido: dos o más de las enfermedades mencionadas padecidas de forma silente e indolora para acabar, de forma abrupta en muchos casos,  con la muerte del individuo.

El maravilloso diseño de nuestro cuerpo

La insulinorresistencia es la forma que tuvo la evolución durante millones de años de dotar a algunos de los antecesores de nuestra especie de una ventaja frente al resto.

En los escasos momentos en que pudiera haber abundancia de alimento, como cuando capturaran una pieza grande de caza o la recolección de frutos, tendrían que comer lo máximo posible y rápidamente. Al ser nómadas y no poder almacenar el exceso, la Naturaleza favoreció a aquellos que presentaron de forma aleatoria el “gen ahorrador” que provocaría insulinorresistencia. Uno de los efectos principales en el organismo es la rápida acumulación de esa energía ingerida y no gastada en acúmulos de tejido graso.

La situación de estos depósitos grasos de reserva también se diseñó de la forma más eficaz: principalmente en los machos alrededor de la cintura, para que no fuera molesto al correr ni al manejar los brazos; sin embargo esta localización en las hembras supondría un problema si estuvieran o pudieran estar embarazadas. Así que en ellas se localizan principalmente en glúteos y caderas. Al pasar a las habituales épocas de hambruna estos individuos estarían mejor preparados para soportarlas.

El gen ahorrador  ¿el gen que mata?

Entonces, ¿dónde está el problema? El entorno para el que se fue modelando nuestro sistema metabólico ha desaparecido. Por un lado el gasto ingente energético que suponía la captura o recolección de los alimentos se ha reducido a trabajar rodeados de máquinas y aparatos que alivian el esfuerzo físico. La adquisición de los alimentos se suele hacer tirando de un carrito en una gran superficie una o dos veces al mes. Por otro, nuestros antepasados, y en algunos casos hasta hace poco, debían soportar temperaturas frías en habitáculos mal aislados térmicamente, aumentando así el consumo de kilocalorías para mantener la temperatura corporal. Estos padecimientos también han desaparecido en este siglo. La paradoja radica en que si el entorno ha cambiado drásticamente no lo ha hecho así nuestra genética: mientras que hablamos de decenas o centenares de años para lo primero, para variar significativamente el material genético de una población necesitaríamos decenas o centenares de miles de años.

La consecuencia de esa acumulación de combustible no usado es la destrucción a la larga del propio individuo. La diabetes, obesidad, hipertensión, dislipemias, enfermedades cardiovasculares y arteriesclerosis irán surgiendo. Al ser enfermedades que en sus primeros estadios no son ni dolorosas ni incapacitantes, el individuo no le da importancia o lo que es peor, puede desconocer su padecimiento.

¿Qué podemos hacer?

Las soluciones son fáciles en su enunciado pero difíciles en ponerlas en práctica. Pero lo expondremos en una próxima entrega. Recomendamos vivamente el libro  “El Mono Obeso” de J.E. Campillo, donde se divulga este problema.

Tulio

3 Respuestas a “La epidemia silenciosa

  1. El artículo está muy bien, pero enfocado para la sociedad occidental. ´La mayoría de la Humanidad (2/3 partes) o se muere de hambre o de enfermedades infecciosas como la malaria, dengue, etc. Así que de opulenta, nada…

  2. En efecto, se refiere a la epidemia de las modernas sociedades en Occidente, como EEUU y Europa. En España, cada vez hay más niños obesos, fruto del consumo de una alimentación desequilibrada.

    En otras partes del mundo tal vez no podamos hablar de opulencia alimenticia sino de injusticia, que es todavía más grave.

  3. Tanto los comentarios de osce como de PSB parecen tender a dar la razón al sentido común: el síndrome metabólico sería más frecuente donde sobrara más alimento, o sea, en los países más avanzados. La realidad es otra.
    Ciñiéndonos por ejemplo en una de las manifestaciones del síndrome, la diabetes, constituye hoy día un problema de salud que afecta a millones de personas en todo el mundo (desarrollado o no) y cuya prevalencia tiende a aumentar debido a los cambios en el estilo de vivir, así como a la mayor esperanza de vida de la población.
    Tanto la American Diabetes Association (ADA, 2003) como el informe de la OMS “Impacto global de la diabetes 1995-2025: prevalencia, estimaciones cuantitativas y previsiones futuras” plantean una serie de conclusiones basadas en los datos epidemiológicos que disponemos en la actualidad, que dan idea de la magnitud del problema al que nos enfrentamos:
    -Actualmente hay aproximadamente 143 millones de personas con diabetes en todo el mundo. Está previsto que esta cifra se eleve a 300 millones para el año 2025 debido, sobre todo, al aumento, envejecimiento y urbanización de la población.
    -En los países en vías de desarrollo estas cifras representarán un aumento medio de casos del 170% y en los países desarrollados del 42%.
    -Los aumentos de prevalencia entre 1995 y 2025 serán en China del 68 % y en la India del 59%. Los países iberoamericanos y del Caribe, así como otras islas de Asia, experimentarán un aumento del 41 %. En Oriente Medio aumentará el 30%. Este incremento será menor en los países de antigua economía socialista de Europa (26%) y de un 28% en los países propios de una economía de mercado, como es el caso de España.
    -En los países en vías de desarrollo, la mayoría de las personas con diabetes tienen una edad de entre 45 y 64 años, frente a los 65 o más de los países desarrollados. Se prevé que esta tendencia se acentúe para el año 2025.
    -Como mínimo, el 50% de todas las personas con diabetes desconocen que tienen la enfermedad. En algunos países, esta cifra puede llegar hasta el 80%.
    Se estima que en España padece diabetes entre un 5 y un 6% de la población. De ellos, aproximadamente un 90% padecen diabetes tipo 2 y sólo un 10% la tipo l o insulinodependiente. Los cambios en el estilo de vida y el incremento de la esperanza de vida de la población conducen a un aumento progresivo de la incidencia de esta enfermedad.
    Lo mencionado para la diabetes se podría escribir muy semejante para las otras caras del síndrome metabólico. Por tanto, estamos ante una epidemia global. La paradoja surge en muchos países: hambre y miseria junto a muertes por el síndrome metabólico…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s