Mundialización y Religión

Blas Atheneo

Decir que lo religioso es una expresión de oposición radical al liberalismo y al materialismo, provocado por la ideología laicista imperante hoy en día, es relegar lo religioso a una simple reacción de algo relativamente contemporáneo, menospreciando así el valor que lo espiritual y lo religioso han tenido, tienen y tendrán en el ser humano.

Antropológicamente, el fenómeno religioso es inherente a él (siempre ha estado presente en todos los pueblos), aunque es cierto que lo religioso es antagónico al liberalismo y al materialismo.

Es manifiesto el papel que lo espiritual juega en el ser humano más allá de lo religioso, como el éxito de ventas de libros de espiritualidad, el compromiso humanitario, presente en todas las religiones a través del servicio al prójimo y la búsqueda de sabidurías diferentes.

Aunque no sea a través de la religión, el ser humano tiende a buscar aquello que proporciona la religión, creando como una especie de “religión laica”, en busca de “alimento” del alma. Ejemplo de ello, es aquella gente que se declara agnóstica pero que sin embargo consume libros de filosofía o espiritualidad oriental.

Otro ejemplo sería las práctica de Ahsanas de yoga, los cuales están revestidos en sus orígenes de cierta religiosidad pero que debido a ciertas modas New Age, se práctica despojándolas de todo valor religioso que pudiera tener en su origen (incluso de su valor espiritual) con el fin de obtener bienestar físico y mental.

Del mismo modo muestro mi disconformidad con que desde los medios de comunicación del sistema se presente la reivindicación de lo religioso como una “regresión antimoderna”, e incluso como algo que roza lo supersticioso.

La falta de rigor,  así como de respeto en lo que a lo religioso se refiere, es prácticamente una constante en los mass media.

Lo religioso efectivamente juega un papel fundamental en la agenda internacional. Basta comprobar que casi todos los conflictos tienen un cierto revestimiento religioso, aunque analizando sus causas, es posible, que el tema religioso no sea el desencadenante principal de la mayor parte de los conflictos.

Por ello, un diálogo entre las distintas religiones puede jugar un papel muy importante para poder de ese modo solucionar las grandes cuestiones de la humanidad, en el caso concreto de los conflictos referido a la construcción de una paz duradera, pero también en general, un diálogo religioso encaminado al desarrollo de los derechos humanos, y porqué no, también a un desarrollo material, punto en el cual se puede producir la convergencia con todas aquellas personas que se declaran agnósicas o ateas, pero que buscan el bienestar y el progreso.

Por ello se ha de producir un diálogo comprometido, fijando claramente las metas a las que llegar (paz, derechos humanos, desarrollo…) siempre teniendo claro lo que es esencial de cada religión sin hacer concesiones de aquello que suponga un menoscabo de la identidad y los valores de cada religión en cuestión.

Que por lo menos el diálogo sirva para que la convivencia en la cotidianeidad y en las relaciones interpersonales del día a día sean normales, y es que ir más allá de eso, dudo de que sea enriquecedor para la religión, y sea más como lo acomodaticio para resolver los problemas que salen al paso.

Lo que sí que creo que no solo es conveniente, sino necesario es la adopción de tradiciones “estrictamente culturales” de cada país en las celebraciones religiosas para que de ese modo la gente no interprete la religión en cuestión como algo venido de fuera, sino como algo universal y dirigido todos los seres humanos independientemente del continente del que procedan.

Sería una gran pérdida modificar la doctrina de cada religión para que se adecuasen a cada lugar, porque lo único que se conseguiría así sería una “mezcolanza” de religiones que incluso podrían llegar a formar un cuerpo doctrinal contradictorio. Y ya llegados a este punto, si se adecua la doctrina a las tradiciones religiosas de cada lugar geográfico, porque no adecuar la doctrina a las modas temporales.

En definitiva, debe haber un diálogo religión-cultura, pero nunca un dialogo religión-religión para un fin distinto al de procurar una mejor convivencia entre los fieles de ambas religiones. Se ha de buscar el pluralismo, entendido éste como el reconocimiento, protección y fomento a la diversidad.

Llegados ya a este punto hay que hacer una pequeña reflexión, y es la siguiente: ¿es posible el diálogo con todas las religiones?

Es obvio que no.

El cristianismo reconoce el valor y la dignidad de la persona por el hecho de serlo, frente a otras religiones que simplemente reconocen la dignidad de ésta por pertenecer a la religión en cuestión, sin preguntarnos cómo se han expandido a lo largo de la historia, si por la predicación o por la falkata, lo que sería interesante de reflexionar.

Cabe preguntar qué tipo de diálogo  (entablado desde el reconocimiento, protección y fomento a la diversidad tal y como exige el pluralismo) se puede entablar con el que no respeta, pues el respeto exige de la reciprocidad.

La interacción a pesar de ser lo más deseable, no siempre es lo posible ni lo conveniente. Es cierto que la simple coexistencia  en un mismo espacio físico es bastante pobre frente al enriquecimiento mutuo que puede surgir de la interacción, pero habría que plantearse si realmente es posible ese diálogo sin que ello suponga un retroceso.

Blas Atheneo

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