Masonería vs Iglesia Católica

P.S.B.

I

Según el historiador jesuita Pedro Álvarez Lázaro[1], la masonería comienza como gremio de obreros (“maçons” y “masons”, albañiles en francés e inglés respectivamente) que en el siglo XI  se dedicaban a la construcción de catedrales junto con los benedictinos. Se trataba de reuniones de técnicos laicos que fueron creciendo en número y organizándose. Para entrar en sus logias había que realizar una ceremonia iniciática que tenía una clara influencia católica.

Adquirieron pronto dominio económico, “el masón debía perder el sentido del localismo” y por eso viajaron por Europa fundando franquicias masónicas. La mentalidad masónica originaria era abierta, artística y espiritual. Hacían uso de un lenguaje con piedras y mensajes simbólicos que jugaban un papel catequético determinante para una sociedad medieval mayoritariamente iletrada. En el siglo XVII los gremios fueron perdiendo sentido y las logias se abrieron a distintas personalidades independientes no sólo del sector de la construcción sino de la burguesía e intelectualidad. Fueron los masones “aceptados” y tuvieron especial importancia en Gran Bretaña. Entonces, la masonería quedó influenciada por las ideas cientifistas y pedagógicas de este periodo conformándose paulatinamente el ideario por sus miembros: una sociedad humana perfeccionada en base a la ciencia.

II

En el contexto de las Guerras de Religión, esa mentalidad abierta a nuevos principios explotó en 1717 con la reunión en Londres de las cuatro logias más importantes de la ciudad. La Masonería se desprendió de sus orígenes medievales y se transformó en una Sociedad Filosófica: “La Catedral pasa a ser el Universo y la piedra el hombre”. Pocos años después de esta célebre asamblea masónica, en 1723, se promulgaron Las Constituciones de Anderson, redactadas por dos pastores protestantes,  James Anderson y Jean Théophile Désaguliers. Este texto fue el pilar básico de la nueva Masonería Especulativa que propugnaba una identidad masónica universal[2].

En el artículo 1 de esta Constitución, se dice que “el masón está obligado a creer en Dios (el Arquitecto del Universo) y no puede ser ateo”.  Además, contiene una serie de exigencias morales que según Pedro Álvarez, sorprenden en un contexto sociopolítico posterior a las Guerras de Religión del siglo XVII. En este periodo se consolida la institución, a la que no pueden acceder todavía mujeres. Es una organización jerárquica[3], esotérica, fraternal, pacífica  y neutral en lo político, como se recoge en el artículo 6 de la Constitución. Con ella nace la estructura organizativa y doctrinal de la Masonería Internacional, conformada por una red de hermandades interconectadas que utilizan un soporte simbólico para adoctrinar a los miembros y celebrar los ritos.

III

La tercera etapa de este recorrido histórico se correspondería con la de los Masones Especulativos. Esta Masonería Filosófica surge, según Pedro Álvarez, en una época de desbarajuste en Europa, en la que se amplió la escala graduada, haciéndose una sociedad más compleja y secreta (o “discreta” como prefieren decir los miembros). Así como ejemplo, el Rito Escocés de 1753, que trató de adquirir los principios caballerescos, herméticos, alquímicos y templarios. Esas nuevas tendencias, influencias e intereses que se desarrollaron a partir de entonces son los que toma como referencia el novelista Dan Brown como argumentos de confusión en el Código da Vinci.

La promulgación de tantos ritos llegó a alcanzar la cifra de casi dos millares y al mismo tiempo la Masonería evolucionaba desde la perspectiva filosófica. Según Pedro Álvarez aparecieron varias cuestiones de interés entre las que caben destacar dos: la influencia de la Ilustración a través de las Logias Alemanas de Krause y el conflicto ideológico entre Iglesia y Masonería. En cuanto a esta segunda cuestión, destacar que Clemente XII, mediante la bula papal In Eminenti, prohibió a los católicos ser masones. En la misma línea, León XIII, quién volvió a condenarla. La presión eclesiástica llegó a ser tan fuerte en su esfera de influencia que incluso las ciudades “libres” de Ginebra, Hamburgo y los Estados de Bélgica y Holanda prohibieron directamente el establecimiento de logias masónicas en sus territorios.

IV

Más adelante, la difusión del ateísmo con las filosofías materialistas del siglo XIX, provocó una confusión en el seno de la Masonería. Se produjeron diversos cismas: masonerías ortodoxas, liberales y reformadas, lo que condujo a una reinterpretación de las Constituciones de Anderson, surgiendo las logias femeninas, las mixtas y las librepensantes, sobre todo en Francia. En esta atmósfera de contradicción, se crearon grupos masónicos laicistas y anticlericales. Hasta este momento nunca hubo tanto distanciamiento entre la Iglesia y la Masonería. Atrás quedaban los tiempos de la aproximación entre ambas instituciones, cristalizadas en figuras como Mozart, quién fue capaz de compaginar en su persona la condición de católico con la de masón, sin que nada impidiera la posterior difusión de sus composiciones religiosas como el genial Réquiem.

Las ideologías totalitarias, materialistas y ateístas que influyeron en las logias hicieron que éstas eliminaran la obligatoriedad de creer en Dios y en la inmortalidad del alma. En lo político, la expansión de la masonería contribuyó decididamente a la unificación de Italia, existiendo razones suficientes para relacionar este hecho con el fin de los Estados Pontificios. Mientras tanto, se sucedieron más de 300 documentos de la Iglesia contra la Masonería, dado que los Pontífices de Roma no querían depender del Poder Político, coyuntura que les hubiera supuesto la pérdida de su independencia doctrinal. De ahí que se alcanzara posteriormente una cierta tregua con los Acuerdos de Letrán (1929).

V

Ya en el siglo XX, con las Guerras Mundiales, masones y católicos fueron perseguidos y se replantearon las posiciones de ambas partes. Comenzó un clima de cercanía con Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, que introdujo la libertad religiosa. Esos horizontes abrieron el camino al diálogo y, según Pedro Álvarez, la Iglesia revisó su posición respecto a la masonería, tal como quedó reflejado en los hechos de 1974, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe matizó sus posicionamientos: la Iglesia no prohibía la masonería si no iba contra el Catolicismo. Ello se reflejó a partir de 1980 con dos acontecimientos determinantes: la Conferencia Episcopal Alemana dejó de condenar la masonería y se suprimió definitivamente el término “masonería” de los Códigos Canónicos.

Para el entonces Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, la omisión de la masonería se debió a los precedentes históricos que a su juicio eran irreconciliables con la Iglesia. El principal problema radicaba en la consideración de reunir la condición personal de católico y masón, dos lealtades antitéticas que arrojan como resultado un problema de conciencia.[4] Como curiosidad, señalar que algunos masones contactaron con Ratzinger en su visita a España como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y luego, en 1990, en una entrevista al entonces Cardenal quedó reflejada una nueva visión de la Masonería. Aunque mantenía su juicio negativo reconocía que debía haber un diálogo ya que la realidad es que existen católicos masones[5].

Por último, en opinión de Pedro Álvarez, el problema del relativismo implícito en la Masonería es complejo y no se debe entender mal porque según este autor hay sectores de la Iglesia que deforman los fines de la masonería, de ahí la necesidad de un acercamiento abierto y necesario entre ambas partes[6].

VI

No obstante y dejando a un lado la disertación de Pedro Álvarez, para entrar en el terreno de las apreciaciones más valorativas, la masonería no puede estar exenta de un contundente juicio crítico por sus también variados aspectos negativos o cuanto menos controvertidos o de dudosa filantropía de sus logias. Precisamente este punto de autocrítica y de reconocimiento de los claroscuros del balance histórico masónico, fue de lo que adolece la posición intelectual de Pedro Álvarez, intentando vestir la sotana y el mandil al mismo tiempo.

Hay infinidad de pruebas e indicios que demuestran la intervención masónica en muchos acontecimientos subversivos y dañinos a lo largo de la historia moderna de España, de Europa, y en general de Occidente. Sin ánimo de ser exhaustivos, basta mencionar su papel muy influyente en la Revolución Francesa y posterior etapa de imperialismo francés (y francmasónico) sobre el continente, entre la que se encuentra la invasión napoleónica de España[7]. En nuestra literatura, un grande como Benito Pérez Galdós vertió sobre ella sus críticas en uno de sus Episodios Nacionales sobre la masonería, “El Grande Oriente”, en 1876, en que se narra cómo esta sociedad secreta intervino poderosamente en los acontecimientos que agitaron la vida política española en el “Trienio Constitucional” (1820-1823).[8]

En general, las sombras de la masonería se observan en las influencias negativas y conspirativas de los movimientos independentistas en Hispanoamérica (Simón Bolívar y José de San Martín eran masones reconocidos), en el “desastroso” siglo XIX español, con una gran mayoría de gobernantes masónicos, en la Comuna de París de 1870, en la Guerra Cristera de México o en numerosos sucesos de terror público, como el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda en 1906, instigado por Francis Ferrer i Guardia, masón de una logia catalana controlada por el Gran Oriente de Francia, logia que también instigó la Semana Trágica de Barcelona.

VII

Es destacable sobre todo lo demás, a efectos de incidir en el desorden social que trae consigo la masonería cuando se infiltra en la alta sociedad, la presencia masónica que acompañó a la instauración de la II República[9]. Una República, que más allá de nacer de una ilegitimidad política, sirvió como plataforma de grupúsculos corruptos de la élite burguesa para alzarse con el poder por la fuerza de las turbas manipuladas, con el objetivo de imponer un régimen de impronta indudablemente laicista y sectaria, donde la incultura y la delincuencia tomaron las calles[10]. Un régimen republicano, que contó con infaustos líderes políticos masones como Manuel Azaña (quién dijo en Las Cortes el 31 de octubre de 1931 “España ha dejado de ser católica”) o Lluís Companys, incapaces ambos de contener a sus propios correligionarios izquierdistas más violentos, que imbuidos de totalitarismo quisieron sovietizar el país y destruir las raíces judeocristianas y grecolatinas de España, su espíritu y tradición, de los que la Iglesia es representante y heredera, con sus pecados y virtudes, en pos de peligrosas ideologías. Irresponsabilidad que desencadenó lógicamente en el caos social y en la desgraciada pero inevitable contienda civil y fratricida[11].

Todos estos acontecimientos históricos, como apunta Ricardo de la Cierva en su obra La Masonería Invisible[12], aparte de sus nefastas consecuencias para los intereses de España, demuestran que la nación ha sido y sigue siendo un depósito milenario de la fe católica. Pues de otro modo no se entiende que la masonería haya operado con tanta virulencia si no fuera para contrarrestar la presencia social de la Iglesia. Por eso, mientras permanezca mayoritariamente católica estará en su punto de mira, como objetivo prioritario de sus estrategias de infiltración. De ahí que esta silenciosa infiltración en las estructuras de poder de España no haya sido tan discreta como cabría esperar, ni sus resultados tan satisfactorios como en otras partes de Europa, descontando los “progresos” masónicos en la etapa del último gobierno socialista, compuesto por varios ministros que profesaban secretamente la fe y los ritos de la escuadra y del compás, y otros no tan discretamente, como el ex ministro de Justicia Caamaño[13].

VIII

En conclusión, la evolución histórica de la masonería pone de relieve que sus injerencias como actor relevante en los procesos políticos de estos dos últimos siglos han sido indubitadamente dañinas, rompiendo el principio de neutralidad política que originalmente guardaban los masones en las Constituciones de Anderson. Un principio al que deberían retornar si quisieran ser fieles, al menos, a sus valores fundacionales.[14] Lo que empezaron siendo unos cuantos gremios de constructores que compartían sus conocimientos “secretos” y culto de adoración a ese misterioso Gran Arquitecto, se han convertido con el transcurrir de los tiempos en una red elitista y sincrética conformada por turbias organizaciones instaladas en la trastienda del poder para conspirar con el tráfico de influencias y de negocios poco filantrópicos[15]. Siempre mediante procedimientos mafiosos que bordearon y bordean la ley y la moralidad. Por eso la existencia de sociedades secretas es tan nociva para una democracia participativa y para una sociedad libre y abierta.

IX

Hoy la atención está puesta por aquellos que siguen la actualidad mundial desde la clave del conflicto masonería-Iglesia, a propósito de la implantación progresiva de lo que se denomina New World Order  (Novus Ordo Seclorum). Un contexto en el que sin duda juegan un papel determinante diversas sociedades secretas de raigambre masónica, como los Illuminati y las conexiones ocultistas y esotéricas que beben de las fuentes doctrinales iniciadas por Charles Taze Russell, Albert Pike, Eliphas Lévi, así como de las áreas de influencia de la Sociedad Teosófica de Madame Blavatsky, de la Golden Dawn o de Aleister Crownley.

Así pues, dados los niveles de integración de los programas masónicos-ocultistas en los planes políticos y socioeconómicos de escala global, intensificados en las últimas décadas, es de esperar una escalada en la tensión contra la Iglesia, como último reducto que les puede hacer frente antes de la culminación de su nuevo modelo de dominación a escala mundial. Aunque la peculiar batalla es asimétrica, de corte mediático y simbólico, su fondo es claramente teológico, por tratarse, al fin y al cabo, de cosmovisiones antagónicas que luchan, en última instancia, por el control de las almas humanas con voluntades diametralmente opuestas en el eje salvación-perdición.

X

La duda es si la Iglesia no terminará asumiendo las consignas globalistas del Nuevo Orden Mundial como única opción de supervivencia ante una eventual escalada de laicismo y persecución. Por eso no es nada desdeñable el pensar que la masonería pretenda hacerse con el control de la Iglesia, posicionando a varios de sus cardenales como candidatos en el próximo cónclave y una vez conseguido el ansiado objetivo producir un cisma interno como estrategia de división.[16] En consecuencia, no sería de extrañar ver un próximo Pontífice que incorporara a la Iglesia a la agenda New World Order bajo los dictados de sus estructuras globales de poder, completando un ecumenismo a modo de credo oficial o religión mundial, mientras que en el fuero interno sus esfuerzos se dirijan a dinamitar la Oración, la Misa y su Liturgia cristiana. No por casualidad Pablo VI advirtió en su Homilía de 29 de junio de 1972 que “El humo de Satanás ha penetrado por una grieta en el Templo de Dios[17]. El tiempo confirmará o desmentirá si la grieta es lo suficientemente grande para hundir la barca de Pedro o si por el contrario resistirá.

P.S.B.


[1]El presente ensayo toma como referencia para parte de su exposición los contenidos de una conferencia titulada “Templarios y Masones” pronunciada por D. Pedro Álvarez Lázaro en la Sala de Conferencias de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, en torno a las 18h del lunes 20 de noviembre de 2006. El conferenciante es profesor de Historia y miembro del Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de Comillas. Fue presentado por el padre jesuita Enrique Climent, S.J. quién recordó la confusión provocada por el Código da Vinci y la intención social  y cultural del ciclo de conferencias. Adicionalmente, se ha consultado y se recomienda el documento del mismo autor: La masonería en la historia de España: Actas del I Symposium de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española: Zaragoza, 20-22 de junio de 1983 / coord. por José Antonio Ferrer Benimeli 1989. http://foro.masoneria.es/viewtopic.php?t=38

[3] Organizada en grados, aunque la Masonería Ortodoxa sólo tienen dos: aprendiz y compañero ya que el maestro es sólo de alta dignidad.

[4]   ¿Por qué un católico no puede ser masón?         http://www.aciprensa.com/controversias/catolicomason.htm

[5] En el Código Canónico de 1983 desaparece toda mención a la masonería, cosa que sí existía en el canon 2335 del Código anterior, donde se establecía la excomunión para los masones católicos, por lo que se produce una suavización enorme de la pena: de la excomunión se rebaja a pecado grave.

[6] Y masones que deforman intencionadamente los fines de la Iglesia.

[7] Respecto a la actual Francia, Francois Mitterrand, antiguo presidente de Francia, fue grado 33 de la masonería francesa, así como el francés Giscard D’estaigne, uno de los redactores de la Constitución Europea, texto que omitía las raíces cristianas de Europa pero abría sus puertas a sociedades “filantrópicas” como la masonería.

[8]“Era ésta [la masonería] una poderosa cuadrilla política, que iba derecha a su objeto, una hermandad utilitaria que miraba los destinos* como una especie de religión (hecho que parcialmente subsiste en la desmayada y moribunda masonería moderna), y no se ocupaba más que de política a la menuda, de levantar y hundir adeptos, de impulsar la desgobernación del reino; era un centro colosal de intrigas, pues allí se urdían de todas clases y dimensiones; una máquina potente que movía tres cosas; Gobierno, Cortes y clubs, y a su vez dejábase mover a menudo por las influencias de Palacio; un noviciado de la vida pública, o más bien ensayo de ella, pues por las logias se entraba a “La Fontana” y “La Cruz de Malta”, y de Aprendices se hacían diputados, así como Venerables los ministros.”

[9] En la II República, más del 50% de los diputados socialistas eran masones y en Esquerra casi el 40%, con lo que se demuestra que la masonería tenía una gran influencia sobre los independentistas y sobre la izquierda republicana y revolucionaria.

[10] El anticlericalismo de la masonería en la II República se demostró de muchas maneras. Una de ellas, en su última fase, la del Frente Popular (con un Gobierno 90% masónico), quién promulgó una ley expropiatoria de todos los bienes de la Iglesia. Otra por la que se prohibió la docencia a los sacerdotes y la eliminación de los crucifijos de las aulas de las escuelas. A esta ley el filósofo Miguel de Unamuno responderá: “La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo?¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional?Porque hay que decirlo claro, y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa.”Guerra civil cavernícola”. El Sol, Madrid, 29 de enero de 1932

[11] Cesar Vidal, historiador y periodista protestante español, personaje en absoluto sospechoso por sus simpatías hacia el catolicismo, reconoce en su obra “Los masones” (Planeta, 5º Ed., 2005), el nocivo legado de la masonería española, como grupos de poder secretos con intereses políticos y morales anticristianos y sincréticos que ponen en peligro el orden y la estabilidad de las sociedades en las que se infiltran sin escrúpulos revestidos de aparente filantropía.

[12] Para ahondar en la materia: La Cierva, Ricardo de: La masonería invisible. Editorial Fénix. Madrid. 2002.  Este historiador asegura que Zapatero es masón y también algunos de los que fueron sus ministros.

[16] Existe un listado de masones vaticanos que fue publicado en diversos medios de prensa italianos a partir de 1976. El listado apareció en el semanario Panorama el 10 de agosto de 1976, siendo reproducido ese mismo año en Publia Gazzette y en el francés Bulletin de l’Occident Chrétien; en Euroitalia fue publicado el 17 de agosto de 1978; en OP (Osservatore Politico) vio la luz el 12 de septiembre de 1978; en Oggi, el 17 de junio de 1981; y en 30 Giorni —revista del grupo ultraconservador Comunión y Liberación—, el 11 de noviembre de 1992. Ese mismo listado es reproducido por Ricardo de la Cierva, en La Monarquía Invisible (2002) y por Jorge Blaschke y Santiago Río en La verdadera historia de los masones (2006).

[17] Numerosas voces autorizadas han apuntado en la misma dirección, en cuanto a la infiltración masónica-satanista en el centro jerárquico de la misma Iglesia, desde el escritor Gary H. Kay, el jesuita Malachi Martin (secretario del Cardenal Bea 1958-1964 y profesor de Georgetown) o el Padre Gabriele Amorth, como reconoció en una entrevista en el diario alemán Der Spiegel (http://www.spiegel.de/panorama/0,1518,527076,00.html).

2 Respuestas a “Masonería vs Iglesia Católica

  1. maria isabel velezmoro sanchez

    Muy interesante articulo, lo deberiamos leer todos los catolicos para comprender muchas de las cosas que estan pasando en el interior de la iglesia, con una gran pena para todos los catolicos, apostolicos romanos.

    • Muchas gracias María Isabel, si, las relaciones entre Iglesia y masonería son complejas y muy desconocidas dentro de lglesia y de la masonería, y en todo caso preocupante para los católicos

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