La Justicia en Aristóteles

P.S.B.

En el presente  ensayo se desarrolla una síntesis y reflexión sobre la Ética a Nicómaco, de Aristóteles (Libros V, VIII y IX).

I

El libro V versa sobre la justicia y el derecho. Aristóteles examina en qué sentido se habla de justicia, de lo justo y del hombre justo. En primer término, destaca la denominada justicia general, como suma de virtudes y evitación de vicios, que en cumplimiento de la ley, redunda en un bienestar social, “llamamos justas a las acciones que proporcionan o salvaguardan la felicidad y sus partes para la comunidad política (V.1)”.

La justicia general expresa una idea de orden y armonía, como reunión de virtudes que supone una ventaja para el conjunto social. Lo expresa Aristóteles cuando afirma que “esta justicia es una virtud perfecta, más no en términos absolutos, sino en relación con otro (V.1)”. Pero está noción de justicia, siendo derecho, es más amplia que el objeto propio del derecho, dado que establece la observancia de las leyes comunes de moralidad para el bien de la ciudad.

A diferencia de lo anterior, en segundo término, sitúa la justicia particular, que es la referida al reparto de bienes externos. La justicia particular es la consecución de un objeto, la proporción, “lo igual”. Para Aristóteles, el hombre justo es aquel que tiene el hábito de no tomar más que su parte de los bienes exteriores disputados en un grupo social, ni menos de su parte del pasivo o cargas.

El reparto justo o distribución justa es un punto medio entre el exceso y el defecto en la asignación de lo que le corresponde a cada persona o grupo en calidad de parte que concurra a dicho reparto o distribución de bienes. De ese modo, para Aristóteles, el fin de la justicia particular es que cada uno tenga lo suyo. Y esto es precisamente el objeto propio del derecho, que se realiza a través de los jueces y juristas. Es decir, el objeto del derecho es el reparto como arte jurídico, y no la verdad (filosofía) o la utilidad (política y economía), y en el que “tiene que haber justicia conforme a un cierto mérito (V.3)”.

Dentro de la justicia particular, Aristóteles distingue entre una pública o distributiva, “que se da en las distribuciones de honores, dinero o cuantas cosas son divisibles entre los participantes de una comunidad política (V.2)” y otra privada o correctiva, “que pone orden en las transacciones (V.2)”, es decir, la que regula las relaciones de intercambio entre ciudadanos, tanto voluntarias, involuntarios o violentas, teniendo por objeto el restablecimiento de la igualdad.

II

De acuerdo con lo anterior, el derecho, en tanto que objeto de la justicia particular, se ordena a la búsqueda de la igualdad proporcional porque, “lo justo es un medio entre lo que es desproporcionado y lo injusto es contrario a la proporción (V.4)”, una proporción en el reparto de los bienes entre los miembros de un grupo. Por tanto, el derecho como relación, se desarrolla en lo social y no puede ser pensado en función del sujeto único, sino en el plano social de justicia como “bien del otro”, lo que significa que el derecho no es un atributo subjetivo del individuo.

Adicionalmente, en el libro V, Aristóteles aborda la cuestión del dinero en cuanto a su origen, valor y función. El dinero como instrumento de la medida del valor de las cosas tiene utilidad para el derecho, de forma que permite cuantificar las relaciones y poner precio a los bienes en materia de justicia conmutativa, “pues de esa manera habrá cambio y, si hay éste, habrá asociación (V.5)”. La solución de derecho puede, en última instancia, ser expresada bajo la fórmula de cantidades monetarias.

Por último, además de las disertaciones, más morales que jurídicas acerca del acto justo y de la voluntad humana realizadas por Aristóteles (V.6-9), cabe remarcar su explicación sobre la naturaleza de la equidad. Lo equitativo en ciertas ocasiones es superior a lo justo. Como cuando la ley es general y ocurre en relación con ella algo contrario a la generalidad. En este caso, Aristóteles dice que “la equidad es preferible a una cierta justicia, mas no a la justicia absoluta sino al error originado por su generalidad (V.10)”. Por tanto, la naturaleza de lo equitativo es una rectificación de la ley allí dónde resulta defectuosa en razón de su generalidad.

III

Los libros VIII y IX están dedicados a la amistad (philia), en el sentido de toda clase de relación o asociación entre personas, “hay amistad en la medida en que están asociados (VIII.9)”.

 

Para Aristóteles toda relación social comporta cierta amistad, “la amistad es relación (IX.12)”, por tanto, para que exista el derecho es necesario también la amistad, si bien establece que bajo un estado de amistad perfecta no procede reparto y por ende derecho. Por el contrario, la amistad común o generalizada, en sentido amplio, es aquella que opera por placer o utilidad, que si bien es legítima, es menos estable que la primera porque “lo hacen por su propio bien o placer, y no por otra persona en tanto que objeto de amistad (VIII.3)”.  Esta amistad lo es por concurrencia de intereses y “son fáciles de romperse, dejan de amar cuando ya no son placenteros o útiles (VIII.3)”.

Atendiendo a lo jurídico, Aristóteles establece la necesidad de relación entre los hombres, y si hay relación tiene que haber derecho porque “sin amigos nadie desearía vivir aunque poseyera todos los demás bienes (VIII.1)”. La amistad que se encuentra en la virtud, se caracteriza por la reciprocidad, en la semejanza (amistad entre iguales) y en actividad, “la distancia no destruye la amistad sino su ejercicio (VIII.8).” Esta amistad perfecta es la que se da sólo entre buenos y semejantes en virtud, ya que “se desean mutuamente el bien por igual”, de ahí que Aristóteles afirme que amistad es igualdad, porque se ama lo que es bueno para sí como para el otro. Esta clase de amistad, por ser perfecta y conforme a la virtud, mantiene una particular correspondencia con la justicia, dado que para el autor “cuando los hombres son amigos no necesitan de la justicia, mientras que, aún siendo justos, necesitan de la amistad (VIII.1).”

Por el contrario, una relación de amistad basada en la superioridad de una parte, es decir, fundamentada en la desproporción en el reparto así como en la distribución, no es conforme a la justicia, “por ser distintas la virtud y función de cada uno de ellos y diferentes las cosas por las cuales aman (VIII. 7). Por eso, Aristóteles propone una cierta nivelación en la amistad, puesto que “los iguales deben igualarse en el amor (VIII.13)” y “de ambas partes se originan idénticas prestaciones (VIII.6).”

IV

Por lo anterior, se deduce que para Aristóteles la amistad, la justicia y el derecho están interconectados, como principio de relación en el que se recibe en función de lo que se contribuye. Por esta razón, y desde una perspectiva jurídica, Aristóteles establece la amistad en sentido de asociación, “en toda asociación hay una parte de justicia y amistad (VIII.9)”. La relación u asociación opera como presupuesto del derecho pues “aquel que no proporciona a la comunidad ningún bien no recibe honores”, en cambio, “los bienes comunes se conceden a quién beneficia a la comunidad (VIII.14)”.

Asimismo, Aristóteles afirma que en la familia como entre los auténticos amigos, todo es común, y aunque se producen repartos de bienes externos, éstos tienen un carácter no permanente, por lo que no es procedente aplicar el sentido pleno del derecho como por el contrario sí ocurre con la comunidad política.

En lo relativo a los conflictos o reclamaciones entre amigos (Libro IX), estos no giran sobre la base de la misma amistad porque los amigos se hacen el bien sin la intención de recibirlo a cambio. De ahí que no pueda hablarse estrictamente de derecho. Lo que es virtuoso entre amigos es la recompensa, “en lo posible, no en lo merecido”, porque en ciertas ocasiones a los amigos “nadie podría nunca devolverles lo que merecen”. Afirma que es distinto lo que se debe según quienes sean, concediendo a cada uno lo que es propio y adecuado, aunque como regla general establece que “hay que devolver la deuda (IX.2)”.

V

Aristóteles prosigue con el estudio del concepto de simpatía, “que tiene lugar entre desconocidos (IX.5). Se diferencia de la amistad en que no hay trato íntimo ni afecto, sólo estima superficial por compartir ciertas pretensiones. Se excluye la simpatía de la amistad por placer o utilidad. La amistad conlleva simpatía pero no al revés porque la simpatía sólo es desear el bien pero que “si se prolonga y llega al trato íntimo se convierte en amistad”.

Finalmente, otra de las ideas clave que se desarrollan en este libro de la Ética a Nicómaco gira en torno al egoísmo. Es obvio para el autor que el hombre bueno “se dispensa a sí mismo más de lo bueno (IX.12)”. Sin embargo, el egoísta no elogiable es aquel a quién se le reprocha porque causa perjuicio en los demas.

En cuanto a la cantidad de amigos, lo apropiado para Aristóteles es no carecer de ellos, ni tampoco tener muchos, por cuestión de necesidad y de tiempo, apuntando que “aquellos que son amigos de todos no parece que sean amigos de nadie (IX.10)”.Sobre la necesidad de amigos, “en todos los casos es deseable la presencia de amigos (IX.11)”.

Concluye  el Libro IX señalando que el hombre virtuoso “es un ser político, y nacido para vivir en compañía (IX.9), es decir, necesita de otros que reciban sus beneficios. Por tanto, el hombre feliz es un ser social y tiene necesidad de amigos, de asociarse, de relacionarse con los otros, de participar y en consecuencia también necesita del derecho para lograr ese fin. Porque del mismo modo que el existir es deseable por si mismo al constituir algo bueno, también lo es la existencia de los amigos.

VI

En estos pasajes de la Ética a Nicómaco, sintetizados en los apartados anteriores, Aristóteles profundiza en dos temas fundamentales para toda persona y comunidad política: la Justicia (Libro V)  y la Amistad (Libros VIII y IX). En la presente reflexión ambos conceptos se vincularán a lo jurídico[1].

El derecho para Aristóteles no se reduce a la mera aplicación de leyes escritas, pues como se ha dicho en la síntesis, la justicia general se introduce en el terreno moral y la particular tiene por objeto lo relativo al reparto de bienes. Para la realización del reparto, el arte jurídico se vale de principios superiores y costumbres, muchos de las cuales escapan o van más allá de la ley escrita. Por tanto, podemos extraer la idea de que Aristóteles tiene una consideración plural de las fuentes del derecho.

Cabe remarcar que en toda la obra juega un papel muy importante el concepto de proporción, aunque es en el Libro V donde aparece más desarrollada esta noción con motivo de la justicia. Dado que para Aristóteles “la amistad es relación (IX.12)”, debe ser también la proporción lo que iguale y salvaguarde la amistad (IX.9).

Asimismo, estoy plenamente de acuerdo con lo que afirma acerca de la amistad basada en la utilidad. Es en ella donde se generan la mayoría de los litigios y surgen especialmente cuando los convenios y las rupturas no se producen sobre la base de la misma amistad. Generalmente los juristas y letrados trabajan directamente sobre problemas o para prevenirlos y por eso deben conocer los hechos de que traen causa. Y a tal efecto, entre sus funciones se encuentra la de cuantificar cosas y daños, lo que precisa poner precio a la relación objeto de litigio con vistas a exigir una indemnización dineraria. La explicación de la función del dinero es una de las aportaciones más importantes de Aristóteles según el Prof. José Luis Calvo Martínez[2].

VII

Por otra parte, en la lectura son abundantes las conexiones con determinadas áreas del derecho, pero en todas ellas se trasluce la idea de que el reparto va en función de la aportación previa. Por esta razón, desde mi punto de vista, las operaciones jurídicas actuales no distan mucho de algunos ejemplos y argumentos expuestos por Aristóteles a propósito de la justicia y de la amistad.

El principio de la buena fe, definido como buena voluntad en Aristóteles, se configura como principio rector de cualquier intercambio o negocio jurídico. También se puede considerar la aparición del principio del enriquecimiento sin causa, porque supone un desequilibrio en la relación entre las partes que ha de ser corregido. Implícitamente Aristóteles desarrolla el principio de responsabilidad patrimonial del deudor en cuanto que establece la obligación de devolver lo que no es de uno.

Aristóteles desarrolla durante su exposición unos breves apuntes de derecho político o constitucional cuando se refiere a las constituciones de las comunidades políticas y sus posibles desviaciones (VIII.10), al derecho laboral cuando hace mención al salario justo para el trabajador y cuando recurre al derecho de familia desglosando las particularidades de las relaciones de justicia y amistad entre sus miembros.

A su vez, hay un fragmento que evoca los principios inspiradores del derecho concursal cuando en el estado de insolvencia no culposa del deudor común se procede a la formalización de un convenio como vía alternativa a la liquidación. Esto se pone de manifiesto tangencialmente cuando, por ejemplo, Aristóteles declara que “los prestamistas incluso se preocupan de la salvación de sus deudores, (…) con vistas al cobro pero no hay afecto hacia aquellos, sino el deseo que se conserven”.

También resuena a derecho societario la explicación de Aristóteles acerca de la amistad  basada en la superioridad, cuando afirma que “en una sociedad económica reciben más lo que más contribuyen, así se piensa que debe ser también en la amistad (VIII.14)”. Tal vez podría relacionarse esto, a mi juicio, con las modernas regulaciones sobre la distribución y control del capital social, pagos de dividendos y derechos de voto de las sociedades mercantiles.

Siguiendo esta línea, en lo relativo a la proporcionalidad, se abre un claro horizonte de debate en virtud de los principios del derecho fiscal, como por ejemplo entre lo justo o lo injusto de una tributación según el alcance de la progresividad fiscal. El deber de contribuir al sostenimiento de la comunidad vía impuestos evidencia el coste de vivir en común, de acuerdo con la capacidad económica del contribuyente, sin llegar a la confiscatoriedad.

Además, Aristóteles parece que adelanta el concepto de propiedad intelectual en el sentido de que el creador tiene derechos morales sobre lo creado, porque “el que crea una obra existe de alguna manera en actividad (IX, 7).

En cuanto a la noción de equidad, puede traerse a colación el artículo 3.2 del Código civil español que a diferencia de la interpretación extensiva que sostiene Aristóteles, en el derecho español debe únicamente aplicarse cuando una ley así lo habilite. Por eso, en mi opinión, pienso que en nuestro derecho la equidad se desvirtúa perdiendo su funcionalidad, pues si bien el juez se reserva la potestad de ponderarla, sólo cabe utilizarse si la ley positiva específicamente lo permite[3].

VIII

Una de las cuestiones que más problemas puede suscitar tiene que ver con los criterios de reparto. Aristóteles deja abierto la elección del criterio del reparto, aunque se vislumbra que el mérito, en el sentido de excelencia al que se refiere en el libro V.3, es el criterio más justo para su aplicación en un procedimiento de reparto de bienes.

Por último, y desde mi punto de vista, el derecho debería enfocarse en restaurar la amistad de los ciudadanos, con el fin de restablecer y mejorar las relaciones humanas, cada vez más deterioradas a causa del individualismo, del poder del Estado y de la globalización.

Por eso, el derecho, entendido como relación y objeto de la justicia particular, ha de buscar la solución justa para los problemas de reparto que surjan en una comunidad política. Siempre desde la proporción de bienes y cargas entre sus partícipes, de conformidad con el principio general de la equidad.

P.S.B.


[1] En los tres libros son abundantes las referencias al derecho, de ahí que Michel Villey se refiera a Aristóteles como precursor de la primera filosofía del derecho.

VILLEY, Michel. Filosofía del Derecho. Barcelona: Scire Universitaria, 2003.

[2] Introducción a la Ética a Nicómaco. Madrid: Alianza Editorial, 2008. Pág. 24.

[3] Artículo 3.2 del Código Civil: “La equidad habrá de ponderarse en la aplicación de las normas, si bien las resoluciones de los Tribunales sólo podrán descansar de manera exclusiva en ella cuando la Ley expresamente lo permita”.

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